Mentiras y verdades sobre las impresoras 3D


Que las impresoras 3D están aquí para quedarse nadie lo pone en duda. Escuchamos noticias relacionadas con esta tecnología por todas partes, nos cuentan que sirven para fabricar aviones, prótesis, joyas e incontables productos, las encontramos en grandes almacenes a precios asequibles, nos dicen que va a ser un regalo estrella estas navidades… Se trata de un boom muy reciente… 

lasexta impresora 3D

La impresión 3D en la actualidad: un mini-reportaje

¿…o no? ¿Desde cuándo llevan las impresoras 3D entre nosotros? ¿Y por qué es ahora cuando más se escucha hablar de este tema?

Hace poco escuchamos que en el futuro el 99% de la fabricación será mediante impresión 3D. Nos chocó el dato y, sin dejar de pensar que no es más que una predicción como quien hace una apuesta por un partido de futbol, nos preguntamos: ¿será así?

Tenemos un montón de preguntas sobre esta tecnología. Y hemos encontrado respuesta… a casi todas.

¿Cuándo surgieron las impresoras 3D?

La primera impresora surge en 1984. Vamos, que ha llovido. Por aquel entonces, por cierto, se denominaba estereolitografía; hoy en día también se la conoce como fabricación aditiva.

La historia y los detalles los podéis encontrar en cualquier artículo sobre el tema. Sin embargo, hay un dato del que no se habla en exceso que explica el boom que se está dando en nuestros días en el desarrollo de esta tecnología:

A partir de 2013 comenzaron a expirar las más importantes patentes que cubrían la impresión 3D.

  • La primera de ellas impedía el FDM o modelado por deposición fundida; fue en 2013.
  • La segunda, liberaba los “aparatos de fabricación mediante sinterizado selectivo” en enero de 2014.
  • A finales de 2014 se liberó la patente Simultaneous multiple layer curing in stereolithography.
  • En 2015, la de Method and apparatus for prototyping a three-dimensional object.
  • En 2016 ha sido el turno de Method and apparatus for production of three-dimensional objects by stereolithography.

Ello acarreó otro fenómeno: de pronto, a alguien le gustó la impresión 3D. Y ese alguien se convirtió en un grupo inmenso que no para de crecer: así surgió un movimiento cuasi-underground que genera y comparte conocimiento en la parte de software del control de las impresoras 3D, usando código abierto, es decir, con libre acceso para cualquiera.

Construir una impresora 3D es sencillo: no hay más que ver que los kits para fabricarte una por ti mismo rondan los 300 euros. El software es bastante más complicado; ha sido esa comunidad mundial que trabaja con código abierto la que ha propiciado el rápido desarrollo y la incursión de la tecnología en nuestras vidas de una forma tan rápida.

¿Se puede fabricar cualquier cosa por impresión 3D?

No… de momento. Hay materiales que parece que jamás aceptarán la impresión 3D, caso de la madera.

Pero se empiezan a fabricar casas mediante esta tecnología (¡incluso con cemento!). Muchísima joyería (incluido oro y plata). Y aviones. General Electric ofrece repuestos para sus turbinas de gas de aviación fabricados mediante esta técnica. El titanio es un material ampliamente utilizado en la impresión 3D. Firestone se ha introducido en la tecnología: no descartemos que, en el futuro, cuando vayamos a comprar los neumáticos para nuestro coche nos los impriman con el dibujo que nosotros queramos.

Los multimateriales se emplean de forma común en esta tecnología. Hay prótesis de manos flexibles, con materiales con una textura increíblemente similares a la de la piel humana. Los materiales biocompatibles tampoco constituyen ningún problema a día de hoy.

¿Qué sucederá cuando haya que fabricar una viga metálica de 20 metros? A día de hoy la respuesta es obvia: no se fabricará por impresión 3D. Nosotros seguimos pensando que cada tecnolgía tendrá su ámbito y su aplicación, cada una encontrará su espacio. Ahora bien, vista la velocidad a la que avanza esta tecnología, no es descartable que pronto… No lo vamos a decir por si acaso.

¿Se llegará al 99% que anunciaba aquella noticia? Nuestra respuesta es: no lo sabemos. Pero estaremos atentos.

¿Son ecológicas?

Pues… depende. Tienen puntos a favor y en contra, como casi todas las tecnologías. Enumeramos unas cuantas (obviamente, la comparación sólo se sostiene entre materiales imprimibles y que admitan también otro proceso de fabricación)

Ventajas:

  • Apenas se desperdicia material (sólo los soportes)
  • Varios materiales biodegradables aceptan esta tecnología
  • Se puede reducir mucho el impacto de distribución y ensamblaje
  • Disminuyen los problemas asociados a repuestos

Desventajas:

  • Coste energético alto para tiradas largas
  • Alto índice de piezas defectuosas (ni las más caras están libres de este mal)
  • Gran variación en la calidad de los materiales (sobre todos los de gama baja)
  • Averías frecuentes (sencillas en su mayoría, pero averías)

¿Me compro una?

La respuesta aquí tampoco es sencilla, salvo la primera premisa (que es aplicable a cualquier compra que vayas a realizar). ¿Realmente la necesitas? ¿No acabará siendo otro juguete que no usas en el fondo del armario, verdad?

Pasando a apartados más concretos, aquí van unas directrices. Suponemos que el usuario más común será el que se interese por impresoras de “plásticos”, no de titanios ni similares:

  • La calidad es bastante buena en la mayoría de las máquinas siempre y cuando estén bien calibradas. Se obtienen piezas muy “chulas”. Y de colores. 🙂
  • Si tu presupuesto son los 200-500 euros, mejor que seas un poco manitas: seguramente tendrás que montarla tú mismo, y te tocará hacer pequeñas reparaciones a menudo. No hace falta un gran conocimiento ni para una ni para otra cosa, pero sí un poco de tacto y delicadeza.
  • Si tu presupuesto ronda los 1000 euros, espera productos de buen acabado, pero no quedarás libre de las posibles averías y/o piezas defectuosas.
  • Mira el coste del material: este va desde los 20 euros/kg (bastante común hoy en día) para el PLA, hasta los 300 euros y más. ¡Con un kg se pueden obtener grandes cantidades de piezas! Conviene elegir bien el material: si la pieza va a estar a la intemperie, por ejemplo, ¡que no sea biodegradable!
  • Es recomendable que se sepa dibujar bastante bien con un software de diseño 3D (y que se disponga de ese software, por supuesto). Ayuda a obtener todo el potencial de la tecnología.
  • Como juguete, es muy adictivo… siempre y cuando se tengan unas nociones mínimas de cómo y por dónde empezar.

¿Os animáis?

[Tratamos estos temas en asignaturas de nuestros grados, en casos como Optimización ambiental de procesos: Plásticos y compuestos o Uso eficiente y reciclado de materiales]

PD: Para fans de las series de televisión: ¿la intro de Westworld os recuerda a alguna tecnología? 😉

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