Ser marca es ser significativo


Surprise !>Esta pasada semana dimos comienzo al módulo “Branding en un entorno digital” en el Máster de Marketing Digital. Una edición más, y cada año con alguna que otra novedad. Y es que además que la tecnología, las nuevas herramientas y los nuevos soportes digitales surgen con mucha velocidad, hace que nos replanteemos muchas de las ideas quizá más teóricas alrededor del branding.

En esencia, el concepto de marca, al menos para mí, no ha cambiado: una marca es una[s] idea[s] que conecta[n]. Y la tesis de ello es pensar desde el momento inicial en esa frase que hemos de grabar con letras de fuego que dice que “sólo hay marca cuando alguien la interpreta“. Nos situamos por tanto en la esfera del cliente, del mercado, de la categoría y del momento/contextos de personas en su vida diaria.

Si hace un tiempo ya estábamos expuestos a muchísimos impactos venidos desde las marcas (publicidad, exterior, en la calle, etc), esta exposición se ha multiplicado exponencialmente en estos años. Ahora especialmente nos movemos por el mundo con un aparataje durante al menos, las horas principales del día: el móvil. Pero el problema no es tanto el objeto como que en realidad estamos “conectados” en todo el momento. Y esa conexión digital es la que está cambiando nuestras vidas. ¿Conectados en realidad a qué?

Recordamos aquellas experiencias que nos han hecho sentirnos especiales. Esos momentos en los que por cualquier motivo, pudimos interactuar y cómo no, nos llevaron hasta la sorpresa. Una especie de relato continuo que en algún momento nos hizo ¡zas!. Dos son las bases de estas experiencias: sorpresa e interacción. Nos captó la atención y tuvimos que hacer algo. Son esas las experiencias que una marca debe construir a lo largo de su relación con sus públicos. Algo memorable pero sobre todo algo que permita interactuar de algún modo.

Posiblemente el mayor objetivo de toda marca es construir unos vínculos constantes y sostenibles en el tiempo para que esa idea que nos hace movilizarnos vaya creciendo con el tiempo y construyamos así, desde la fidelización, una relación constante, duradera y que aporte en todo momento valor al cliente. Claro que tenemos que ganarnos la ATENCIÓN del cliente y por otro lado tenemos que HACER que HAGAN, junto a nosotros. Porque ese “hacer” es que realmente añade valor al cliente. Algo que le merezca la pena. Algo que le sirva. Algo útil. Éste es el verdadero valor de estar conectado y es que en cualquier momento, podemos llegar a ser importantes para el cliente.

Podemos llegar a ser SIGNIFICATIVOS. Porque de una interacción, de un simple punto de contacto con él, le provocamos una acción y una reacción. En la clase del viernes hablamos de la importancia de las microinteracciones, por ejemplo de la simple firma de un e-mail que enviamos, que con él podemos llegar a interactuar con nuestra gente. Hemos además de des-aprender eso de que el objetivo final es comprar, que siendo importante, a veces perdemos el camino que nos llega a él. El proceso. Hay momentos de información complementaria y cualificada, hay momentos de escuchar, hay momentos en los que pedimos una acción para conociendo su respuesta, podamos proponer una alternativa, hay momentos de prueba, hay momentos… Pero de cada uno de esos pequeños momentos hay que exigir siempre que sean realmente significativos. Importantes. Relevantes.

Seamos conscientes además que esos pequeños momentos, son los que palabra a palabra, acción tras acción irán construyendo nuestro significado como marca para que se quede grabada en la mente de nuestra gente cuando esté ante una situación en la que nuestra marca tenga que aparecer. Si antes, no te has mostrado como significativo, posiblemente no tengas opción. Así que pensemos en cada interacción. En cada momento. Seguiremos trabajando sobre ello.

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La foto de inicio es de Flickr, de Pierre-Félix So

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