Coche eléctrico: ¿ya, o esperamos?


Se ha hablado mucho últimamente del coche eléctrico gracias a Tesla. Puede que pronto llegue Apple con su propio coche eléctrico, y seguramente se dará otro pequeño cambio en el mercado automovilístico. BMW se ha apresurado a sacar su iW3 aunque, seamos sinceros, ha sido bastante decepcionante entre tanta promesa eléctrica. La realidad es que, entre tanto hype, cuesta discernir qué es marketing y qué es realidad.

Vamos a intentar aclarar varias cuestiones que han surgido estos últimos días desde nuestro punto de vista:

  1. ¿Supone Tesla un gran cambio?

Sí. Pero el motivo no es que el coche sea muy especial, sino que cambia las reglas de juego: el vehículo lo vende la compañía directamente, no intermediarios (concesionarios), con el ahorro que ello supone en elementos que “no aportan gran cosa”. El marketing se ha reducido (no hay anuncios en TV, por ejemplo), y la política de mantenimiento es radicalmente distinta (en EEUU un camión de reparaciones se acerca al hogar del propietario).

Ello se traduce en un vehículo de alta gama, que además nos lo venden como ecológico, a precio de gama media.

¿Es más ecológico que otros? A priori, no, o al menos no en exceso.

  1. ¿Puede hacer algo parecido alguna otra compañía?

Sí, pero seguramente no las “tradicionales”. A pesar de contar con mucho dinero, las tradicionales cuentan con muchas inercias y con una estructura muy grande que deben mantener. Hace tiempo que se decía que, si iba a haber un cambio de vehículo de combustión a vehículo eléctrico, ese cambio no lo iban a hacer las compañías clásicas sino que debía de ser un outsider el  que apareciese: el cambio no se hará desde dentro, “el cambio vendrá desde fuera o no vendrá”.

¿Los motivos? Este video los explica mejor que nosotros.

  1. ¿Es más limpio el coche eléctrico?

Esa es una pregunta difícil de responder. Todo depende, en gran medida, de la fuente de la energía eléctrica: en países como China, donde muchas de las centrales térmicas dependen del carbón y los filtros de partículas brillan por su ausencia, quizás no represente un gran avance, más aún cuando uno de los grandes males viene del diésel de los camiones.

Existen además problemas políticos que, desde luego, no van a conseguir que la tecnología sea más limpia: el Litio que se extrae de lugares como el Tibet y el enorme impacto ambiental y social de esta práctica es un claro ejemplo.

Se trata de una tecnología claramente pensada para acoplarse a la generación eólica o solar distribuida; en casos en los que no sea así, se abren muchas interrogantes (y si relacionamos generación de energía con fracking, los interrogantes se convertirían en símbolos de exclamación).

  1. ¿Y en nuestro entorno?

Pertenecemos a un país que no se caracteriza por un avance ecológico precisamente: el famoso “impuesto al sol” nos retrata. La batería de Tesla para el hogar, el PowerWall, entre nosotros se ha hecho famosa no por su eficiencia sino por las trabas que se va a encontrar en el estado. La falta de una red de cargadores para coches eléctricos es otro ejemplo, y así podríamos seguir. Quizás si en toda Europa la respuesta es entusiasta, si nuestro mercado también lo demanda igual que en otras zonas del mundo, quizás entonces no quedará más remedio que facilitar este paso.

¿Hasta entonces? Seguramente continuaremos quemando combustible durante mucho tiempo… En nuestras manos queda: puede que no totalmente, pero sí en una gran medida.

 

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