¿Qué debemos tener en cuenta al comprar un coche eléctrico? (parte I)


Mucha gente pregunta (y nos pregunta) acerca de los coches eléctricos. Hay una gran falta de información y de conocimiento en este aspecto, pero también hay un gran interés. En los próximos artículos trataremos de explicar las bases de una forma sencilla, para que lo entienda todo el mundo. Puede que a veces simplifiquemos demasiado, pero mejor eso que lo contrario.

A veces (pocas veces) echaremos algún número. Otras veces, sin embargo, daremos unas explicaciones sencillas. Por lo general, trataremos de responder a las preguntas que más a menudo escuchamos.

Si tenéis otras, mandádnoslas! ¡Trataremos de responderlas con mucho gusto!

Aquí va la primera:

 

¿Qué debemos tener en cuenta al comprar un coche eléctrico?

Lo que más atención requiere, por supuesto, son las baterías. O, mejor dicho, el sistema de energía, incluida la carga. Las bases son estas:

 

Temperatura de las baterías.

Para controlar la temperatura de las baterías, el coche necesita un líquido. Si sólo lo hiciese por aire y ventiladores, tendrías el mismo problema que ha tenido el Nissan Leaf: la capacidad de carga de las baterías se reduciría a la mitad en poco tiempo.

Si se calientan o se enfrían en exceso, los materiales de las baterías se degradan y su capacidad de carga se reduce muchísimo. El Leaf enfría mediante ventiladores (es decir, no enfría mucho, sólo hasta la temperatura ambiente), y debido a ello de los 200 km teóricos que podía realizar al principio, en algunos casos llegaba justo-justo a las 80 tras un par de años.

Existe una propuesta europea de que no refrigerar las baterías mediante líquido no sea legal… Aún está parado el tema.

 

Tamaño de las baterías.

También podríamos llamar a esta pregunta “¿cuánta energía pueden almacenar las baterías?” o “¿para qué vas a usar tu coche?” Y es que no se trata de un tema sencillo. Así que lo explicaremos poco a poco.

Lo primero: más capacidad de batería = vehículo más caro. Así que hay que acertar con las necesidades.

Lo primero, hay que ver dónde se va a usar. Y es que los coches eléctricos consumen muy poco en ciudad. Muy muy poco. El motivo principal es que obtienen el par máximo (es decir, “dan más fuerza”) a bajas velocidades; así son los motores eléctricos. Por eso, les es muy sencillo arrancar y/o moverse a velocidades bajas. En autopista consumen más (como los gasolina y diésel), proporcionalmente más que uno de combustión.

  • Por ello, para moverse por ciudades como Barcelona y Madrid, y alrededores, los coches con baterías más pequeñas (y más baratos) vienen muy bien, como por ejemplo el Seat Mii (tiene unos 30 kWh; ya explicaremos qué es eso).
  • Si tienes que moverte por capitales y alrededores más lejanos (por ejemplo, un Beasain – San Sebastian o un Bilbao – Zaldibar), te valdrá algo intermedio, como por ejemplo el Volkswagen iD3.0 (que tiene unos 45 kWh)
  • Si quieres hacer viajes más largos, sin embargo, la elección es diferente. Tienes 2 opciones:
  1. elegir un coche con una batería “grande”, que haga muchos kilómetros sin tener que cargar.
  2. elegir un coche que se cargue muy muy rápido. Paras a medio camino, y en 20 minutos cargas tu coche.

Dentro de los coches que tienen una gran batería está, por ejemplo, el Porsche Taycan (unos 90 kWh). Es caro, sí, pero no tanto (bueno vale, sí, es caro lo mires como lo mires).

Dentro de los de carga superrápida, de momento sólo hay uno: Tesla. Y no es porque sea el único que se pueda cargar rápido, sino porque tiene una red de cargadores rápidos muy muy extensa (eso que llaman supercargadores). Al fin y al cabo, ¿para que quieres que un coche se pueda cargar rápido si no hay un cargador que cargue rápido?

Este último punto merece más explicaciones. Así que creamos un apartado propio:

 

Carga rápida y carga superrápida.

Este punto es muy importante… en la mayoría de casos. No siempre, pero casi.

Antes de nada: un coche eléctrico se puede cargar en 15-20 minutos. Sí, es posible y se hace a menudo. Pero sólo en unas condiciones.

Lo explicaremos con un ejemplo: si queremos hacer un trayecto San Sebastián – Madrid con un coche eléctrico que tenga una autonomía de unos 400 km (que es bastante hoy en día), pero no quieres ir a 80 km/h sino más rápido, tendrás que parar a medio camino y recargar. Y es que, cuanto más rápido vayas, más consumirás y no harás esos 400 km. Hasta aquí, todo correcto. Como con un diésel o gasolina.

En los cargardores semirrápidos (que son bastante frecuentes, y a veces les llaman rápidos), si tienes tu coche cargando durante 1 hora te dará energía para que hagas unos 75 km. Es decir: necesitas tenerlo cargando 2 horas para poder hacer 150 km extra. Y eso si vas despacio, si le pisas se te quedará en unos 100 (como en un gasolina: cuanto más rápido, más consumo).

No es suficiente, ¿verdad?

En la carga superrápida (que, por lo general, se llama supercarga), en 20 minutos puedes recibir carga para hacer 250 km. Bien, ¿no? Pero cuidado: ¡¡no todos los coches pueden aceptar esta carga rápida!! Las baterías sufren mucho (excesivo calor atravesando los materiales), por lo que no todos los vehículos están preparados para recibirlo. ¡Cuidado con esto! Mirad bien esta opción antes de comprar un coche eléctrico.

De momento hay muy pocos puntos de carga superrápida, por eso el mencionar previamente los de Tesla.

A lo que hacemos en casa se le llama carga lenta. De eso hablaremos luego.

¿Qué es “grande” cuando hablamos de baterías?

  • Las baterías almacenan energía. La velocidad de cargar esa energía, nos la da la potencia.
  • Si tenemos mucha potencia, le daremos esa energía muy rápido; si tenemos poca potencia, tardaremos más.
  • Pero la energía es siempre la misma. Y tened en cuenta que lo que se paga es la energía.

La capacidad de almacenar energía en las baterías se mide en kWh. Es lo mismo que medirlo en Julio, pero seguramente sea más rápido así. Si alguien lo prefiere, 1 kWh = 3 600 000 J.

El consumo, por tanto, se mide también en unidades de energía (kWh).

Un coche eléctrico consume unos 15 kWh cada 100 kilómetros. en ciudad, o yendo despacio en carretera, pueden ser unos 12 ó 13. En autopista, 18 ó 20. En autopista muy muy rápido, puede llegar a 24.

Entonces:

  • Si tu batería es de 20 kWh, podrás hacer 150 km como mucho, y eso en un entorno urbano.
  • Si tu batería es de 50 kWh, podrás hacer unos 300 km en autopista. En ciudad o mixto, 400 km.
  • Si las baterías que compras tienen 80 kWh de capacidad, aunque vayas muy muy rápido en autopista podrás hacer 400 km.

¿Dónde lo cargo? ¿Hace falta mucho tiempo para cargarlo?

La primera pregunta tiene respuesta sencilla: lo puedes cargar en cualquier enchufe. Hasta en el más cutre. El que te sirve para cargar el móvil, también te servirá para cargar el coche.

La segunda pregunta es más difícil. O, mejor dicho, no tiene una única respuesta.

Antes hablábamos de los cargadores: carga rápida, superrápida y lenta. Vamos a echar números. Para compararlos usaremos la potencia, es decir, los kW, no los kWh  o los J.

  • Los cargadores superrápidos cargan a más de 100 kW aprox. Lo dicho, eso es potencia (“velocidad”), no energía.

Supongamos que van a 150 kW. Entonces, para cargar 150 kWh necesitarás 1 hora. Es decir, 150 kW x 1 hora = 150 kW · h.

Pero la mayoría de baterías son más pequeñas. Supongamos que tenemos una batería de 50 kWh, con el mismo cargador del caso anterior (150 kW): entonces, para cargar 50 kWh necesitarás 20 minutos. Es decir, 150 kW x (1/3 horas) = 50 kW · h. Fácil, ¿verdad? En realidad necesitarás algo más, pero poca cosa. Eso lo dejamos para otro día.

  • Los cargadores rápidos o semirrápidos tienen una potencia de 20 kW aproximadamente. Así que para cargar 50 kW necesitarías 2 horas y media, aproximadamente.
  • De los superrápidos ya hemos hablado y echado números.
  • En casa, normalmente, tenemos contratados unos 3 kW (mirad vuestras facturas). Hay quién tiene unos 4,5 y otros unos 3,6, pero por ahí anda el tema. Eso sí, no queremos utilizar toda esa potencia de golpe, puesto que si no nos saltarán los “plomos”. Os suena la experiencia, ¿verdad? Siendo así, lo normal sería cargar en casa a unos 2 kW, por ejemplo. Nos quedamos con este número.

Siendo así, para cargar 50 kWh necesitaremos 25 horas. 2 kW x 25 horas = 50 kWh.

¿Mucho? Quizás. La cosa es que no necesitaremos cargar 50 kWh todos los días. Lo normal es hacer 100 km al día. Así que en 7 horas lo podemos cargar despacito-despacito, por ejemplo por la noche. ¿Por qué? Por los números de antes: si para hacer 100 km necesitamos 15 kWh; si cargamos a 2 kW; tenemos que 15 kWh / 2 kW = 7,5 h.

Si fuese necesario, se podría cargar en 5 horas (subiendo la potencia a 3 kW, que en la mayoría de las casas es posible; el coste es el mismo, tranquilidad). O, con un cargador especial, se podría cargar en 2-3 horas (si se contratase en casa más de 7 kW; cuidado, cuanta más potencia contrates, más cara tu factura… aunque no consumas!).

Más adelante nos meteremos con costes. Ahí también nos aparecerán números, pero serán euros. Y entendemos mejor los euros que los kW, ¿verdad?

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